Celebración Y Tristeza

En la vida diaria usualmente no mezclamos nuestros momentos de celebración con nuestros momentos de tristeza, o al revés: cuando estamos tristes no tenemos en absoluto ganas de celebraciones. Debido a que cuando estamos celebrando no queremos que nuestra alegría se empañe de tristeza, nos esforzamos por mantener totalmente separados nuestros momentos de tristeza y de celebración. Esto hace que nuestra vida sea menos complicada.

Pero Jesucristo nos ha llamado a ser una comunidad triste a la vez que de celebración. ¿Cómo puede esto ser verdadero? Debido a que Jesucristo nos llama a vivir comprometidos con la honestidad al mismo tiempo que a tener una esperanza incuestionable. Si vamos a tener honestidad (Honestidad verdadera) entonces vamos a estar tristes. ¿Por qué? Debido a que no podemos ser honestos sin reconocer la horrible herencia del daño que el pecado ha ocasionado en cada uno de nosotros y en el mundo que nos rodea.

El pecado nos corrompe, daña nuestras relaciones, y también nuestro medio ambiente. No existe ninguna cosa que hayamos experimentado, de este lado de la eternidad, que no haya sido dañada de alguna manera por el pecado. Tal destrucción se ha extendido tanto que nos podría dejar pasmados. Cuando eres realmente honesto sobre la corrupción actual del mundo, lo único que puedes hacer, es estar profundamente triste.

Más sin embargo no solamente somos personas llamadas a ser honestas, también somos llamados a tener esperanza. Cuando comenzamos a considerar cuan maravilloso es realmente el amor de Dios, y empezamos a entender cuan poderosa es su gracia, y nos damos cuenta de que ahora mismo Dios está ejercitando tanto su amor como su gracia para que este mundo sea plenamente restaurado, no podemos evitar celebrar. Este Dios, quien es la máxima definición de amor y sabiduría no nos dejará solos, ni a nosotros ni al mundo que nos rodea, hasta que nosotros y todas las cosas hayan sido restauradas plenamente según el plan inicial de Dios.

Así que hemos de ser la comunidad más triste y al mismo tiempo la que más celebra. Tristeza y celebración unidas. Estamos tristes porque sabemos cuan mal están las cosas y estamos celebrando porque sabemos que la ayuda que Jesucristo nos provee llega hasta lo más profundo de nuestra necesidad.

¿Estás triste debido a la condición del mundo, y danza tu tristeza con la celebración debido a que también sabes cuán grande es la gracia transformadora de Dios? Cuando con honestidad miras el mundo, ¿recuerdas que Dios no descansará hasta que haya hecho todas las cosas nuevas?

¡Que tanto la celebración como la tristeza dancen en tu corazón al ritmo del Evangelio de Jesucristo, y que llores de gozo y celebres con tristeza hasta que Él haya hecho otra vez todas las cosas nuevas!.

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