Es Por Su Gracia


Hombres y mujeres llenos de desaciertos son llamados por un Dios santo a representarle en este mundo. Personas con complejos, con fallos frecuentes, con actitudes inapropiadas y emociones a veces inestables, engrosan el ejército de un Dios inmutable, omnipotente, omnisciente y eterno. Que es todo eso sino gracia, favor inmerecido. No eligió un camafeo de ágata, sardónica u ónice para exhibir sus dones, si no vasijas de barro ordinarias para colocar sus tesoros. Así es Dios, un orfebre extraordinario que engasta sus joyas en materiales comunes.

Repase la historia y verá que llevo razón. José, el hermano pequeño y vanidoso, convertido en primer ministro de Egipto. Gedeón, el campesino de Manasés atemorizado, ascendido a juez de Israel. Jeremías, el joven de oratoria deficiente, convertido en heraldo y profeta. Pedro, el pescador, militando como apóstol y adalid de la primera iglesia. Marco, el cobarde, siendo útil al ministerio apostólico. Felipe, el camarero, anunciando a las multitudes el evangelio de Jesucristo. Historias de gracia, relatos escultóricos de lo que hace Dios con un trozo de mármol en bruto. (1 Timoteo 1:12).

Tal conocimiento me asombra hasta la consternación y me conduce en forma indefectible a la adoración.

Estoy maravillado ante la obra de gracia del Señor. Sonrío ante lo inexplicable de su llamamiento. No tenía un gran aval que presentar, ni condiciones excepcionales para ser llamado, pero fui escogido para hacer lo que hago y no tengo palabras para agradecer tanta gracia. No puedo siquiera devolver algo a cambio por lo que he recibido. Dios solo me pide que aquello que tengo por gracia, lo comparta con gracia (Mateo 10:8). A ello he dedicado mi vida y eso haré hasta el último aliento.

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